¿Y si la Inteligencia Emocional tuviese algo que ver con tu carrera profesional?

By Ricardo Santiago

21 febrero, 2022 | 09:02hrs

El título de este artículo está planteado como una pregunta, pero en realidad es una aseveración. Si, la inteligencia emocional influye en nuestra carrera profesional, como lo hace, también, en cualquier otro ámbito de nuestra vida.

La primera vez que oí hablar de la Inteligencia Emocional fue allá por el 2002 en las sesiones dedicadas a RRHH (para los más jóvenes, lo que hoy se denomina Talento, Personas, etc.. en las actuales organizaciones) del MBA que en aquel entonces cursé. El concepto fue introducido por Daniel Goleman en su libro Emotional Intelligence de 1995.

Para resumir muy mucho lo que en el 2002 ya se nos transmitió es que lo que tradicionalmente se venía midiendo como Inteligencia (IQ) era importante, pero no suficiente para desenvolverte con éxito (y aquí debemos pensar detenidamente acerca de lo que significa éxito … para cada uno) por la vida. Había otro parámetro que en los departamentos de RRHH (recuerdo, Personas, Talento, etc…) se empezaba a tener muy en cuenta, la Inteligencia Emocional (EQ). Fue la primera vez que oí que había organizaciones que estaban empezando a no tener demasiado en cuenta, o no al menos como hasta el momento, la titulación y otros «activos» más relacionados con el concepto de Inteligencia (IQ) tal cual se media hasta la fecha. Algunos años más tarde, la tendencia llego a las grandes corporaciones del sector tecnológico como Apple, Google y Netflix creando una inercia que muchos otros después han seguido.

Pero, ¿y qué es esto de la Inteligencia Emocional?

Si yo tuviera que dar una definición de Inteligencia Emocional, esta sería: Capacidad de reconocer y gestionar las emociones propias, para ser más adaptativo a cada situación, con el fin de obtener el mejor resultado en cada una de esas situaciones.

Aquí lo que quedaría por definir es «mejor resultado», porque eso, claro está, depende de cada situación, y además es subjetivo.

El fin, por lo tanto, es saber autogestionar de la manera mejor y más eficiente, lo que desencadenan todas y cada una de nuestras emociones, desde las consideradas básicas, hasta las más complejas debido a las diferentes intensidades de las básicas.

En el arte marcial del Judo,

la no resistencia constituye un principio técnico primordial. Un judoca debe sumarse a la fuerza de su oponente conforme si se es empujado o se tira de él, ya que, al obrar así, no solamente se anula el esfuerzo contrario y se optimiza el gasto de la propia energía, sino que facilita más la conservación del equilibrio que si ofreciera resistencia, al tiempo que se debilita el equilibrio del oponente.

Fuente Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Judo

En cierto modo, siempre que pienso en la EQ termino imaginando a un Judoca. No es exactamente lo mismo, pero sí que tiene muchas similitudes. Saber reconocer tus emociones y manejarlas adecuadamente, en cierto modo es no ofrecer resistencia a ellas y usarlas en tu beneficio.

A menudo, cuando en alguna conversación aparece el tema de la EQ, acabo contando la misma historia que viví en primera persona. Por aquel entonces yo trabajaba en una empresa de desarrollo de software en España, y, presidente de la compañía mediante, se incorporó una persona sin mucha experiencia profesional, aunque lo cierto es que su CV académico impresionaba. Y si, lo que su CV académico mostraba, lo demostró. Su IQ era posiblemente mucho más alto que la media de los que componíamos el departamento, e incluso que la empresa en su totalidad. Pero no todo fue un camino de rosas. Su habilidad social era 0, o tendía a 0. Su EQ desde luego estaba muy por debajo de la media del departamento, e incluso de el de la empresa al completo, y después de unos meses, con muchos conflictos y anécdotas (no todas buenas para él), este compañero de brillantísimo CV académico, contratado presidente de la compañía mediante, nos abandonó … por su propia voluntad. No he vuelto a saber de él, porque sinceramente, nunca me generó interés ni a dónde se fue, ni cómo evolucionó. Simplemente conmigo, como con la práctica totalidad de las personas que interactuaban con él, no supo relacionarse, o mejor dicho, ni él, ni nosotros supimos encontrar la manera de que la relación que debíamos tener diariamente fuese un vínculo más allá de lo estrictamente profesional. Y a modo de autocrítica, quizá tampoco pusimos a trabajar nuestra EQ a nuestro favor. Las relaciones sociales son muy complejas.

Con este ejemplo pretendo reflejar lo que en los primeros párrafos decía:

(la) … Inteligencia (IQ) era importante, pero no suficiente para desenvolverte con éxito (y aquí debemos pensar detenidamente acerca de lo que significa éxito … para cada uno) por la vida. Había otro parámetro que en los departamentos de RRHH (recuerdo, Personas, Talento, etc…) se empezaba a tener muy en cuenta, la Inteligencia Emocional (EQ)

Por lo tanto, ¿ser el primero de tu promoción, el que mejor nota ha obtenido, el alumno aventajado, te asegura el éxito profesional? Pues mi respuesta es que tan solo, y como mucho en un 50%.

El 50% (o más) restante se debe a la EQ, y quizá está es la más difícil de entrenar y gestionar. Aunque no imposible. La EQ es una competencia clave, aún más, en el mundo que se nos presenta ahora mismo, y que evoluciona, inexorablemente, hacía la Inteligencia Artificial (IA) que tiene más que ver con el IQ. Una de las competencias que nos permiten diferenciarnos de las máquinas es, sin duda, nuestra Inteligencia Emocional. Todas aquellas profesiones donde la EQ sea una competencia clave, son profesiones que difícilmente se van a poder automatizar y sustituir por máquinas, sin sufrir un impacto negativo en el desempeño de las mismas.

La Inteligencia Emocional es, por tanto, una competencia que las máquinas difícilmente podrán llegar a tener, fundamentalmente porque las emociones no forman parte de la naturaleza de las máquinas.

Para «objetivizar» este artículo, y que no sea tan solo una opinión, creo que son, al menos, interesantes los datos que se extraen del informe The Business Case for Emotional Intelligence del Institute for Health and Human Potential (IHHP):

  • Más del 80% de las competencias que diferencian a los mejores de los demás pertenecen al ámbito de la EQ.
  • Las empresas que tienen ejecutivos con niveles más altos de inteligencia emocional tienen más probabilidades de ser altamente rentables.
  • Después de que los supervisores de una planta de fabricación recibieran formación en competencias emocionales, los accidentes con pérdida de tiempo se redujeron en un 50%, las quejas formales se redujeron de 15 al año a 3 al año, y la planta superó los objetivos de productividad en 250.000 dólares.
  • American Express probó la formación en competencias emocionales en asesores financieros; los asesores formados aumentaron el negocio en un 18,1% frente al 16,2% de un grupo de control.
  • Después de que una planta de fabricación de Motorola impartiera formación sobre la gestión del estrés y la Inteligencia Emocional, el 93% de los empleados experimentó un aumento de la productividad.

¿De qué manera puede GTA ayudarte con en este aspecto?

La propuesta de GTA para que los profesionales colaboren y lideren la Transformación Digital de las organizaciones es la Inmersión Digital de los profesionales. Uno de los pilares de la Inmersión Digital es formar y certificar profesionales T-Shaped, capaces de tener conocimientos generalistas, pero también ser especialistas en uno o varios ámbitos. Una correcta promoción de la Inteligencia Emocional (EQ) de los empleados en programas específicos dirigidos por especialistas en el materia, añadida a los programas de Inmersión Digital de GTA (inteligencia más tradicional IQ), son la ecuación perfecta del éxito (EQ + IQ = EXITO), tanto de profesionales como de organizaciones.

Para finalizar, y volviendo a dar respuesta al título de este artículo, sí, la Inteligencia Emocional tiene mucho que ver con la manera en la que se desarrollan nuestras carreras profesionales, y lamentablemente no es algo para lo que se nos ha preparado tradicionalmente en las escuelas y universidades, y aunque en la actualidad si hay iniciativas, sobre todo en las escuelas, para «entrenar» la EQ de los alumnos, no está todo lo extendida que sería necesario. Todo nos iría mejor, y no solo a nivel profesional, si consiguiésemos que la EQ media de la especie humana aumentase.

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